Era una oruga.
Arrastraba penosa su blando cuerpo amorfo
sobre las ramas.
Teñida de soledad
determinó envolverse en su mortaja
y entonces,
a solas con su yo, cambió su espectro,
desgarró
a mordiscos la seda
y mostró al mundo el envés de la oruga:
brillante mariposa de colores,
tal vez efímera,
definitivamente frágil,
pero hermosa.
Es un árbol un tanto peculiar. Lleno de cicatrices, de nidos de pájaros, de grietas con insectos, de agujeros donde tienen su madriguera ardillas y lirones; retorcido de vientos, con corazones grabados en la corteza y flechas que apuntan al cielo. Un árbol de poemas. Mis poemas.
28 abril 2007
METAMORFOSIS
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